Historia

La idea que impulsó esta iniciativa surgió en el año 2005 a los pies de un pequeño altar por los caminos de Caracas, la capital de Venezuela. Mientras varios niños rezaban allí mismo el Santo Rosario, algunas de las mujeres que los acompañaban, sintieron la fuerte presencia de la Madre de Dios. Una de ellas recordó enseguida las palabras del Padre Pío: “El día que un millón de niños recen el Santo Rosario, el mundo cambiará”.

La intención principal de la iniciativa es mostrar que la fiel oración de los niños llega como una flecha directamente al corazón de Dios y que por eso es tan poderosa. Cuán fuerte es el efecto de que los niños recen el Santo Rosario en pos de la paz y la unidad en las familias, en el propio país y en el mundo entero. Su Santidad el papa Juan Pablo II escribió en su carta apostólica sobre el Santo Rosario: “El Rosario es por su naturaleza una oración orientada hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y «nuestra paz». En definitiva, mientras nos hace contemplar a Cristo, el Rosario nos hace también constructores de la paz en el mundo. Por su carácter de petición insistente y comunitaria, en sintonía con la invitación de Cristo a «orar siempre sin desfallecer», nos da la esperanza de que hoy se pueda vencer también una ‘batalla’ tan difícil como la de la paz.”

Por este motivo, alzamos nuestras voces para pedir la colaboración de todos y lograr que en las escuelas y en los jardines de infancia, en hospitales y orfanatos, en los grupos de oración y también en los hogares, en todos los sitios donde haya niños reunidos, los pequeños reciban apoyo y motivación para rezar el Santo Rosario el día 18 de octubre junto a otros tantos miles de niños en todo el mundo.

Varios cientos de miles de niños han participado en los años anteriores de esta iniciativa. Personas de todo el mundo han compartido con nosotros numerosas experiencias conmovedoras. Pero el acontecimiento más extraordinario de todos fue, no sólo la alegría de ver a tantos niños orando, sino que muchos de los colaboradores, motivados por la fuerza de la oración, comenzaron a darle al Santo Rosario un lugar importante en sus vidas.

Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) es una fundación católica internacional directamente bajo la Santa Sede. A través de tres pilares: información, oración y acción – ACN ayuda a los cristianos donde sea que estén perseguidos, oprimidos o en necesidad.

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